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FICHA TÉCNICA
T2 Trainspotting
T2 Trainspotting: La vida en el abismo
 
Reino Unido
2017
 
Director:
Danny Boyle
 
Con:
Ewan McGregor, Ewen Bremner, Jonny Lee Miller, Robert Carlyle, Shirley Henderson
 
Guión:
John Hodge
 
Fotografía:
Anthony Dod Mantle
 
Edición:
Jon Harris
 
Duración:
117 min.
 

 
T2 Trainspotting: La vida en el abismo
Publicado el 15 - Mar - 2017
 
 
  • Fecha de estreno en México: 17 de marzo, 2017. Película dirigida por Danny Boyle.  - ENFILME.COM
  • Fecha de estreno en México: 17 de marzo, 2017. Película dirigida por Danny Boyle.  - ENFILME.COM
  • Fecha de estreno en México: 17 de marzo, 2017. Película dirigida por Danny Boyle.  - ENFILME.COM
  • Fecha de estreno en México: 17 de marzo, 2017. Película dirigida por Danny Boyle.  - ENFILME.COM
  • Fecha de estreno en México: 17 de marzo, 2017. Película dirigida por Danny Boyle.  - ENFILME.COM
 
 
 

Mark Renton (Ewan McGregor) regresa a Edimburgo después de años de ausencia y todo está cambiado. Empezando por el aeropuerto, donde es gentilmente recibido por una chica que disfrazada de escocesa le brinda la bienvenida aunque, al preguntarle Renton su origen, la jovencita responde: “Eslovaquia”. En 20 años el mundo se ha transformado, las drogas son diferentes, las tendencias culturales se han modificado, la música es distinta, la tecnología evolucionó de forma significativa, y algunas personas pasaron de estar vivas a estar muertas; por ejemplo, la madre de Mark, que nunca lo volvió a ver desde aquel lejano día en que su hijo se fue a Londres. Sin embargo, hay cosas que no cambian nunca, aparentemente. Por ejemplo, los amigos de Mark: Simon, o sea Sickboy (Jonny Lee Miller), es adicto ahora a la cocaína y gana dinero sucio extorsionando a través del sexo; Daniel Murphy, o sea Spud (Ewen Bremner), no para de estropear todo en su vida, fundamentalmente las de su esposa e hijo, y no ve más salida que regresar al refugio de la heroína, aunque tiene ideas más drásticas; y Franco, o sea Begbie (Robert Carlyle), está en prisión pero pronto se escapa para poder seguir atemorizando a quien se le ponga enfrente, empezando por su esposa y su hijo. Al menos la forma de nombrarse entre ellos, sí, también cambió (ya no utilizan sus apodos mutuos), aunque el resentimiento que le tienen a Mark, por haberles robado el dinero que ganaron vendiendo aquella droga en Londres, esté igualmente sigue intacto; es más, se ha incrementado durante cada uno de los veinte años anteriores, como si de intereses bancarios se tratara. En el intento por restañar las llagas del pasado, por recuperar (acaso sea posible) lo perdido con el transcurrir de los días, por asentarse de una vez por todas como los cuarentones que son, a los que se les disipa el tiempo por segundo, pero, por encima de todo, por finalmente intentar hacerse ricos a costa de lo que sea, como en los viejos días, se juega la fortuna de estos perdedores de encanto y, claro, también la de la actualización fílmica de sus insignificantes vidas.

Desde la primera secuencia, Danny Boyle (Trainspotting) deja claro que su intención no será estirar las posibilidades cinematográficas del filme. No lo hará más vertiginoso, ni ideará encuadres más aparatosos; tampoco buscará innovar en la elección del repertorio musical y mucho menos aspirará a decretar un tratado filosófico con esta historia. Es decir, no competirá con la versión original. Su decisión, por el contrario, es respetarla y homenajearla. Alrededor de esa idea, firmemente sostenida en la autorreferencialidad, es que confecciona un concepto que se ancla en el pasado y, de modo natural, arropado en la nostalgia, entonces se permite resolverlo visual y narrativamente en congruencia. Respecto a las imágenes, Boyle recurre a material antiguo, en super 8, para regresarnos a la inocente infancia de sus ya icónicos personajes. La textura de éstas, y lo que evocan, deja instalado al espectador en una atmósfera de melancolía; los diálogos que machacan el sentido de impotencia por las oportunidades perdidas, abonan al ambiente de pesadumbre. Claro que, tratándose de Boyle (a partir otra vez de una novela de Irvine Welsh –Porno, con ráfagas de Trainspotting-, convertido en preciso y eficaz guion, de nuevo, por John Hodge), no podía permitirse caer en puro romanticismo y añoranza. Trainspotting 2 juega constantemente con los ritmos, con los temas, con los tonos. Y con la importancia del futbol (la figura del gran George Best, en este caso). Por supuesto que el humor, incisivo, es crucial en la trama (la secuencia, very british, en el bar –que no pub- de los fanáticos protestantes es genialidad pura), pero convive en armonía con secuencias de conmovedor dramatismo (como las de las confrontaciones de Begbie con su hijo, la reunión de Renton con su padre o, significativamente, la de Renton viéndose a sí mismo, en versión más joven, corriendo en la misma Prince St. del centro de Edimburgo por la que ahora camina; los edificios, las paredes, que permanecen, son testigos silenciosos de la desconcertante fugacidad de una vida que ni Renton ni nosotros somos capaces de asimilar del todo). En otra hábil táctica visual, Boyle acude a la proyección de las sombras de sus personajes que dejan de ser extensión en negativo para convertirse en complemento activo del pasado. Lo mismo ocurre con la calca actualizada de secuencias icónicas del filme origen. La forma, de modo preciso, se vuelve fondo. Y sí se aprecia una clara postura, particularmente en tres temas (que, por desgracia, no incluyen el político, referéndum escocés incluido), que inyectan un carácter decisivamente contemporáneo a esta secuela: la presencia significativa, definitoria de un rol femenino, el de Veronika (Anjela Nedyalkova), en el desenvolvimiento de la trama, más allá de que al final todo termine girando alrededor de los mismos cuatro; el retrato de una generación que no encontró en el nihilismo y el hedonismo la panacea y no sólo quedó muy confundida sino que dejó atarantada a la generación posterior; y la intención de Welsh y Boyle por, evitando moralismos, centrar, aunque sea ligeramente, a sus loquitos en una etapa que se parece a la madurez. Si bien desde ahí, de nuevo, quizá a lo más que aspiren sea a seguir haciendo de las suyas ‘maduramente’.

Alfonso Flores-Durón (@SirPon)

 

Fecha de estreno en México: 17 de marzo, 2017.

 
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