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GIFF 16: Día 5
Publicado el 24 - Jul - 2013
 
 
Nada malo puede suceder es  un  trabajo frío y pausado en el tratamiento sádico de la violencia. - ENFILME.COM
 
 
 


Por Verónica Sánchez (@SofiaSanMarin)


Imperdibles · Día 1 · Día 2 · Día 3 · Día 4
Selección Oficial Ópera Prima Internacional

Nada malo puede suceder
Dir. Katrin Gebbe (Tore Tanzt, Alemania, 2013)
Nada malo puede suceder es una historia de fe, dependencia y sometimiento basada en hechos reales. Tore, un joven epiléptico y sin familia, que pertenece a los Jesus Freaks, un movimiento punk-cristiano fundamentalista que sigue los preceptos de amor a Dios pero sin llevar a pies juntillas las reglas de una religión, está convencido de su proximidad al Espíritu Santo. Su convicción es tan grande que, un día, en lo que parece ser un milagro, logra con una oración reparar el auto averiado de Benno, un hombre desconocido que acoge con simpatía la buena acción del adolescente.
Los constantes ataques de epilepsia que sufre el chico y la falta de convicción de sus compañeros de comuna orillan a Tore a aceptar el ofrecimiento de Benno, mudarse al huerto de su casa. La familia está compuesta por su esposa Astrid y sus dos hijastros, Sanny de quince años y Dennis, de seis. Tore se instala en una casa de campaña en el jardín de su nuevo hogar. En adelante, el lugar será su escondite y santuario. Benno, al principio parece ser la figura paterna que él tanto anhelaba, pero de manera gradual el hombre empieza a exhibir un odio extremo hacia el muchacho. Pronto las grietas de una supuesta “familia feliz” comienzan a mostrarse. El muchacho es empujado a una espiral de violencia hacia el horror en la que su fe es tentada a través de una serie de torturas retorcidas que él está dispuesto aceptar como parte de una prueba impuesta por una fuerza celestial.

Nada malo puede suceder es un trabajo frío y pausado en el tratamiento sádico de la violencia.  No es una película apta para estómagos sensibles o mentes susceptibles por la gran carga de violencia psicológica y física que se vuelve insoportable para el público. En el joven actor Julius Feldmeier recae todo el peso de la actuación, quien logra con su interpretación que el espectador se sienta irremediablemente impotente por todo su sufrimiento en pantalla.

Peso elefante
Dir. Daniel Borgman (The Weight of Elephants, Dinamarca / Nueva Zelanda, 2013)
Peso elefante es el primer largometraje del director neozelandés Daniel Borgman. Adrian, un niño de once años, está bajo la custodia de su malhumorada abuela después que su madre lo abandona. En la casa que se sitúa en el campo, conviven a demás de la anciana, su tío Roy, un pintor frustrado pero dulce hombre que se vuelve un refugio de cariño para el pequeño, que además sufre de acoso escolar. El director sumerge a Adrian en un continúo río de fatalidad. Su nueva compañera de colegio y vecina Nicole, tampoco escapará a ese universo de desolación, pues vive con sus hermanos menores y su enferma madre en un total estado de degradación. A modo que avanza el filme el espectador teme que la suma de infortunios desemboque en una tragedia mayor pues se nos anuncia que de manera misteriosa tres niños de la localidad han desaparecido.

En Peso elefante no hay lugar para el suspense. Desde el primer momento todo es previsible. Los tonos otoñales de la fotografía remarcan la frialdad del entorno que envuelve a los protagonistas. Una historia que refleja, de manera cruda, las repercusiones que tienen en la vida adulta el abandono y la violencia en la infancia. Aunque por momentos el exceso del tremendismo hace que la sordidez de la trama se sienta forzada.

The Weight of Elephants - International Trailer from Katja Adomeit on Vimeo.


Muestra Mexicannes
La alegría
Dir. Mariana Meliande (Brasil, 2010)
En vísperas de Nochebuena João, primo de Luiza, una adolescente soñadora de los suburbios de Río de Janeiro, es herido por una bala perdida. Después del incidente no se sabe del paradero del muchacho. Una noche ella recibe la sigilosa visita de su familiar quien le pide lo aloje sin revelar a nadie de su nuevo destino. Apoyada por sus mejores amigos, Luiza guarda el secreto, pero el misterio con que João se mueve la mantiene en constante zozobra. A manera de fuga ante la violencia que azota a su ciudad, la chica se inventa un universo fantástico en el que sus jóvenes compañeros también se embarcan.
La alegría es la ópera prima de la directora brasileña Mariana Meliande, becaría del proyecto Mexicannes, un programa de residencia de verano creado hace seis años por el GIFF y la Cinéfondation –fundado por el Festival de Cine de Cannes–, en su cinta la directora intenta hacer un retrato optimista de la juventud de su país ante la ola criminal que se vive en los tiempos actuales. Los momentos de tensión son suavizados con elementos fantásticos. Pero en suma, el mejor logro del filme, más que en su historia y guión –cargados de clichés y diálogos que intentan ser profundos–, radica en su fotografía, que captura la exuberancia y belleza de los paisajes de la selva y playas de Brasil. El mal desarrollo de la película se enfatiza con la forzada interpretación de su joven cuadro de protagonistas.

 
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