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FICHA TÉCNICA
Sandome no satsujin
El tercer asesinato
 
Japón
2017
 
Director:
Hirokazu Koreeda
 
Con:
Masaharu Fukuyama Kôji Yakusho, Shinnosuke Mitsushima, Mikako Ichikawa, Izumi Matsuoka
 
Guión:
Hirokazu Koreeda
 
Fotografía:
Mikiya Takimoto
 
Edición:
Hirokazu Koreeda
 
Música
Ludovico Einaudi
 
Duración:
124 min.
 

 
El tercer asesinato
Publicado el 24 - May - 2018
 
 
  • Probablemente el género familiar es lo primero que relacionamos con la filmografía de Hirokazu Kore-eda; cintas que reelaboran las estructuras familiares como Maboroshi (Maboroshi no hikari, 1995), Still Walking (Aruitemo aruitemo, 2008) y De tal padre tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) nos hablan del interés del director por explorar aquellos lazos imperceptibles que unen a las personas más allá de los vínculos sanguíneos. Sin embargo, el cine de Kore-eda ha explorado otras vertientes; como la ciencia ficción con Air Doll (Kûki  ningyô, 2009), sobre una muñeca inflable que vuelve a la vida y cuestiona la simplicidad del amor, y el relato samurái con Hana (Hana yori mo naho, 2006) que habla del perdón como un elemento más relevante que el mismo honor. En El tercer asesinato (Sandome no satsujin, 2017) el realizador japonés se mueve por un género distinto, el film noir, pero sin romper con aquellas inquietudes que hacen de sus filmes una voz particular.  - ENFILME.COM
  • Probablemente el género familiar es lo primero que relacionamos con la filmografía de Hirokazu Kore-eda; cintas que reelaboran las estructuras familiares como Maboroshi (Maboroshi no hikari, 1995), Still Walking (Aruitemo aruitemo, 2008) y De tal padre tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) nos hablan del interés del director por explorar aquellos lazos imperceptibles que unen a las personas más allá de los vínculos sanguíneos. Sin embargo, el cine de Kore-eda ha explorado otras vertientes; como la ciencia ficción con Air Doll (Kûki  ningyô, 2009), sobre una muñeca inflable que vuelve a la vida y cuestiona la simplicidad del amor, y el relato samurái con Hana (Hana yori mo naho, 2006) que habla del perdón como un elemento más relevante que el mismo honor. En El tercer asesinato (Sandome no satsujin, 2017) el realizador japonés se mueve por un género distinto, el film noir, pero sin romper con aquellas inquietudes que hacen de sus filmes una voz particular.  - ENFILME.COM
  • Probablemente el género familiar es lo primero que relacionamos con la filmografía de Hirokazu Kore-eda; cintas que reelaboran las estructuras familiares como Maboroshi (Maboroshi no hikari, 1995), Still Walking (Aruitemo aruitemo, 2008) y De tal padre tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) nos hablan del interés del director por explorar aquellos lazos imperceptibles que unen a las personas más allá de los vínculos sanguíneos. Sin embargo, el cine de Kore-eda ha explorado otras vertientes; como la ciencia ficción con Air Doll (Kûki  ningyô, 2009), sobre una muñeca inflable que vuelve a la vida y cuestiona la simplicidad del amor, y el relato samurái con Hana (Hana yori mo naho, 2006) que habla del perdón como un elemento más relevante que el mismo honor. En El tercer asesinato (Sandome no satsujin, 2017) el realizador japonés se mueve por un género distinto, el film noir, pero sin romper con aquellas inquietudes que hacen de sus filmes una voz particular.  - ENFILME.COM
  • Probablemente el género familiar es lo primero que relacionamos con la filmografía de Hirokazu Kore-eda; cintas que reelaboran las estructuras familiares como Maboroshi (Maboroshi no hikari, 1995), Still Walking (Aruitemo aruitemo, 2008) y De tal padre tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) nos hablan del interés del director por explorar aquellos lazos imperceptibles que unen a las personas más allá de los vínculos sanguíneos. Sin embargo, el cine de Kore-eda ha explorado otras vertientes; como la ciencia ficción con Air Doll (Kûki  ningyô, 2009), sobre una muñeca inflable que vuelve a la vida y cuestiona la simplicidad del amor, y el relato samurái con Hana (Hana yori mo naho, 2006) que habla del perdón como un elemento más relevante que el mismo honor. En El tercer asesinato (Sandome no satsujin, 2017) el realizador japonés se mueve por un género distinto, el film noir, pero sin romper con aquellas inquietudes que hacen de sus filmes una voz particular.  - ENFILME.COM
  • Probablemente el género familiar es lo primero que relacionamos con la filmografía de Hirokazu Kore-eda; cintas que reelaboran las estructuras familiares como Maboroshi (Maboroshi no hikari, 1995), Still Walking (Aruitemo aruitemo, 2008) y De tal padre tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) nos hablan del interés del director por explorar aquellos lazos imperceptibles que unen a las personas más allá de los vínculos sanguíneos. Sin embargo, el cine de Kore-eda ha explorado otras vertientes; como la ciencia ficción con Air Doll (Kûki  ningyô, 2009), sobre una muñeca inflable que vuelve a la vida y cuestiona la simplicidad del amor, y el relato samurái con Hana (Hana yori mo naho, 2006) que habla del perdón como un elemento más relevante que el mismo honor. En El tercer asesinato (Sandome no satsujin, 2017) el realizador japonés se mueve por un género distinto, el film noir, pero sin romper con aquellas inquietudes que hacen de sus filmes una voz particular.  - ENFILME.COM
  • Probablemente el género familiar es lo primero que relacionamos con la filmografía de Hirokazu Kore-eda; cintas que reelaboran las estructuras familiares como Maboroshi (Maboroshi no hikari, 1995), Still Walking (Aruitemo aruitemo, 2008) y De tal padre tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) nos hablan del interés del director por explorar aquellos lazos imperceptibles que unen a las personas más allá de los vínculos sanguíneos. Sin embargo, el cine de Kore-eda ha explorado otras vertientes; como la ciencia ficción con Air Doll (Kûki  ningyô, 2009), sobre una muñeca inflable que vuelve a la vida y cuestiona la simplicidad del amor, y el relato samurái con Hana (Hana yori mo naho, 2006) que habla del perdón como un elemento más relevante que el mismo honor. En El tercer asesinato (Sandome no satsujin, 2017) el realizador japonés se mueve por un género distinto, el film noir, pero sin romper con aquellas inquietudes que hacen de sus filmes una voz particular.  - ENFILME.COM
 
por Elizabeth Limón

Probablemente el género familiar es lo primero que relacionamos con la filmografía de Hirokazu Kore-eda; cintas que reelaboran las estructuras familiares como Maboroshi (Maboroshi no hikari, 1995), Still Walking (Aruitemo aruitemo, 2008) y De tal padre tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013) nos hablan del interés del director por explorar aquellos lazos imperceptibles que unen a las personas más allá de los vínculos sanguíneos. Sin embargo, el cine de Kore-eda ha explorado otras vertientes; como la ciencia ficción con Air Doll (Kûki  ningyô, 2009), sobre una muñeca inflable que vuelve a la vida y cuestiona la simplicidad del amor, y el relato samurái con Hana (Hana yori mo naho, 2006) que habla del perdón como un elemento más relevante que el mismo honor. En El tercer asesinato (Sandome no satsujin, 2017) el realizador japonés se mueve por un género distinto, el film noir, pero sin romper con aquellas inquietudes que hacen de sus filmes una voz particular.

Dos hombres caminan a la orilla del río durante la noche, un paraje en tonos verdes los rodea y al fondo, ajeno a lo que está por suceder, una ciudad llena de luces que se ve distante y cercana a la vez. Uno de los hombres comienza a disminuir el paso lo suficiente para quedar detrás, saca una llave inglesa y golpea al otro sujeto hasta matarlo. Para deshacerse de la evidencia –o tal vez como un rito funerario que devela cierto respeto al recién fallecido-, utiliza gasolina y quema el cuerpo con los brazos extendidos, sitio en el que quedará formada una cruz de cenizas. El asesino, cuyo nombre es Misumi (Kôji Yakusho), acepta el crimen y se entrega a las autoridades por su propia cuenta. Tomoaki Shigemori (Masaharu Fukuyama) es parte del grupo de abogados que lo representan, y también resulta ser hijo del juez que treinta años antes mandó a Misumi a la cárcel por un asesinato doble. Debido a su reincidencia, las leyes consideran que este tipo de personas merecen un castigo más severo, por lo que la pena de muerte es el probable veredicto que se otorgue. Para evitar esta sentencia, Shigemori comenzará una serie de comparecencias con Misumi, pero en cada ocasión que tiene para entrevistarse con el asesino confeso, este cambia la versión de las cosas, haciendo imposible que mantenga una versión concreta durante el juicio.

El tercer asesinato reestructura las dinámicas del film noir y lo hace al utilizar ciertos guiños que sirven para situar el relato sobre estos tonos –Paul Shrader diría que el noir se define más por el tono que por el género-, y de manera brillante los altera al punto en que se puede dudar si realmente vemos un drama que refiere a un juicio o si detrás de cada palabra que escuchamos existe algún motivo obscuro que es necesario develar. El antihéroe, Shigemori, no posee un pasado obscuro, sabemos que es un notable abogado que procede de un linaje de hombres dedicados a la justicia y mantiene una conducta intachable delante de todos. El villano, Misumi, lejos de la oscuridad de su crimen, mantiene una postura amable y cordial ante sus abogados y sus custodios, e incluso empática al alimentar a un ave que se posa en el árbol cercano a la ventana de su área de aislamiento. La femme fatale desaparece, pero Sakie Yamanaka (Suzu Hirose) -la hija del hombre asesinado- toma su lugar, no como una obsesión sexual para el villano o el antihéroe, sino como un reflejo de las fallas que ambos hombres tuvieron ante sus propias hijas –el jurista con Yuka (Aju Makita), su hija adolescente, con quien mantiene una relación distante debido a su trabajo y a un proceso de divorcio con la madre; el asesino con su hija Megumi, una mujer de 36 años que no tiene contacto alguno con su padre, debido a que los últimos 30 años el hombre los pasó en prisión-. De esta manera, la protección de Sakie se vuelve prioridad para ambos, al menos como una forma de resarcir sus deficiencias paternales. Kore-eda juega con aquel motivo oculto detrás de cualquier film noir, ya que sobreexpone el móvil tantas veces que se dificulta percibir cuál de esos ha sido la razón de que ocurriera el asesinato: necesidad, venganza, rencor, o incluso un crimen pasional se vislumbran entre las posibilidades alrededor de la muerte del dueño de una fábrica. Pero la probabilidad de que estemos ante una cinta que cumple -más que con las reglas del género- con el tono noir, reside en la imposibilidad que tenemos de creerle a los personajes. Los motivos que obedece cada uno provienen de un elemento oculto, algo que confirma Sakie al terminar el juicio, declarando: “Él tenía razón, aquí nadie dice la verdad”, oración que sella varios destinos y de manera adyacente también la estructura de la película.

“¿Hay alguien que nunca debió haber nacido?”, pregunta Misumi durante una de las comparecencias con su abogado, exponiendo cierta fragilidad. Conforme el juicio se acerca, Shigemori y el imputado conversan con mayor frecuencia y se comienza a establecer un vínculo que Kore-eda hace evidente de dos formas. Primero, a través del calor corporal; mientras Misumi le pide a su abogado que comparen sus manos a través del cristal, pues ese es el modo (el contacto) mediante el cual es posible conocer a alguien. Segundo, el aspecto más simbólico que utiliza el cineasta para exponer la relación de entendimiento entre las dos partes sucede cuando conversan de cuestiones mucho más profundas, como la muerte y la injusticia, temas que mantienen muy perturbado al preso y que, mediante un juego de percepción visual -a partir del cristal que los separa-, podemos ver la manera en que ambos rostros converger en uno mismo, como si a partir de las desgracias que se viven, pudiese haber un entendimiento mucho más claro de lo que significa la otredad.

La maestría con la que Kore-eda expone sus inquietudes no solo se aloja en un guion, sino en una estructura pictórica que se empapa de tonalidades grisáceas. Para que esto suceda, el cinefotógrafo Mikiya Takimoto (Like Father, Like Son, 2013) propone un balance entre las sombras y la luz; partiendo de la primera escena del filme, donde tras asesinar al dueño de la fábrica, Misumi observa el cuerpo mientras el fondo que lo acompaña es un profundo negro, en contraste con una escena intermedia, donde el invierno en la prefectura de Hokkaido se reviste de un intenso blanco que tan solo nos permite ver a Sakie, Misumi y Shigemori jugando a arrojarse bolas de nieve. Lejos de estos dos matices que implican totalidad y vacío, existe una cuidadosa paleta de colores que hace evidente todas las variables que pueden presentarse entre ambos tonos, misma que el director utiliza para revelar la ambigüedad con la que el sistema jurídico japonés –aunque otros sistemas judiciales alrededor del mundo no están exentos de esto- emite un duro veredicto ante un crimen que no puede ser comprobado y sobre el cual no hay una verdad absoluta.

Desde el inicio del filme, Kore-eda se encarga de explicarnos que Misumi es el asesino; lo hace de manera detallada, buscando que no exista ni un ápice de duda del espectador sobre lo que acaba de ver. Sin embargo, tan pronto la película avanza, podemos observar como la verdad se va desdibujando. Todos juzgan al hombre, incluso la fiscal cuestiona a Shigemori sobre la forma en que desea reducir la condena del preso, mencionando que al hacerlo “desvía su mirada de la verdad”, pero la verdad es subjetiva, como hace más de 50 años lo demostró Akira Kurosawa con Rashomon y los procesos judiciales no siempre poseen la transparencia y claridad necesaria como sucede en, por ejemplo, Dancer in the Dark de Lars von Trier y No matarás de Krzysztof Kieslowski. Los caminos que la justicia toma son diversos y complejos, no existe una sola línea que determine el curso de un sistema objetivo, discurso que Kore-eda expone a partir de tomas cenitales: en una de ellas, tres personas –de las que al menos una, sabe toda la verdad- cansadas de jugar en la nieve se recuestan sobre ella, dejando a su paso tres líneas (con sus huellas) que parecen dictar los distintos caminos que surgen a partir de una interacción. Todos poseen una versión de los hechos que por más que se analicen, siempre mantendrán ciertas variables que hacen de ella una verdad equívoca.

Uno de los subtextos que Hirokazu Kore-eda maneja con destreza es la pena de muerte. Pese a que el tema está presente durante toda la trama, el guion es lo suficientemente astuto como para ocultarlo debajo de las sustanciosas capas que componen El tercer asesinato, permitiendo que sea el espectador aquel que realice la autopsia del sistema legal japonés y el cuestionamiento de ciertos lineamientos éticos que se imponen sobre una organización jurídica incapaz de definir la evidencia. ¿Es acaso que Misumi intenta crear un discurso sobre los fallos legales del sistema judicial por medio de su propio sacrificio? ¿O simplemente cuestiona el poder que se otorga a alguien para definir si una persona debe vivir o debe morir?

 
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