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FICHA TÉCNICA
It
Eso
 
Estados Unidos
2017
 
Director:
Andy Muschietti
 
Con:
Bill Skarsgård, Jaeden Lieberher, Finn Wolfhard, Sophia Lillis, Jack Dylan Graze, Wyatt Oleff
 
Guión:
Chase Palmer, Cary Fukunaga, Gary Dauberman
 
Fotografía:
Chung-hoon Chung
 
Edición:
Jason Ballantine
 
Música
Benjamin Wallfisch
 
Duración:
135 min.
 

 
Eso
Publicado el 12 - Sep - 2017
 
 
  • Eso (It, 2017), posee una cantidad respetable de travesuras carnavalescas y un pertinente entendimiento de cómo operan las experiencias traumáticas y el miedo en los niños. El toque del director es sorprendentemente juguetón, no sucumbiendo únicamente a la depravación de los rincones más oscuros del relato, sino transmitiendo la manera en que funciona la mentalidad de los preadolescentes cuando éstos luchan contra una fuerza opresiva que busca debilitarlos, destruirlos y devorarlos.  - ENFILME.COM
  • Eso (It, 2017), posee una cantidad respetable de travesuras carnavalescas y un pertinente entendimiento de cómo operan las experiencias traumáticas y el miedo en los niños. El toque del director es sorprendentemente juguetón, no sucumbiendo únicamente a la depravación de los rincones más oscuros del relato, sino transmitiendo la manera en que funciona la mentalidad de los preadolescentes cuando éstos luchan contra una fuerza opresiva que busca debilitarlos, destruirlos y devorarlos.  - ENFILME.COM
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  • Eso (It, 2017), posee una cantidad respetable de travesuras carnavalescas y un pertinente entendimiento de cómo operan las experiencias traumáticas y el miedo en los niños. El toque del director es sorprendentemente juguetón, no sucumbiendo únicamente a la depravación de los rincones más oscuros del relato, sino transmitiendo la manera en que funciona la mentalidad de los preadolescentes cuando éstos luchan contra una fuerza opresiva que busca debilitarlos, destruirlos y devorarlos.  - ENFILME.COM
  • Eso (It, 2017), posee una cantidad respetable de travesuras carnavalescas y un pertinente entendimiento de cómo operan las experiencias traumáticas y el miedo en los niños. El toque del director es sorprendentemente juguetón, no sucumbiendo únicamente a la depravación de los rincones más oscuros del relato, sino transmitiendo la manera en que funciona la mentalidad de los preadolescentes cuando éstos luchan contra una fuerza opresiva que busca debilitarlos, destruirlos y devorarlos.  - ENFILME.COM
  • Eso (It, 2017), posee una cantidad respetable de travesuras carnavalescas y un pertinente entendimiento de cómo operan las experiencias traumáticas y el miedo en los niños. El toque del director es sorprendentemente juguetón, no sucumbiendo únicamente a la depravación de los rincones más oscuros del relato, sino transmitiendo la manera en que funciona la mentalidad de los preadolescentes cuando éstos luchan contra una fuerza opresiva que busca debilitarlos, destruirlos y devorarlos.  - ENFILME.COM
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  • Eso (It, 2017), posee una cantidad respetable de travesuras carnavalescas y un pertinente entendimiento de cómo operan las experiencias traumáticas y el miedo en los niños. El toque del director es sorprendentemente juguetón, no sucumbiendo únicamente a la depravación de los rincones más oscuros del relato, sino transmitiendo la manera en que funciona la mentalidad de los preadolescentes cuando éstos luchan contra una fuerza opresiva que busca debilitarlos, destruirlos y devorarlos.  - ENFILME.COM
 
por Luis Fernando Galván

El realizador argentino, Andrés Muschietti (Mamá, 2013), todavía no tiene la vasta filmografía de Brian De Palma (Carrie, 1976) y Stanley Kubrick (The Shining, 1980), pero cuenta con la visión inspiradora, la complejidad temática y la profundidad psicológica para unirse al grupo de los muy pocos realizadores que han logrado confeccionar notables películas de terror a partir de las novelas de Stephen King. Su más reciente filme, Eso (It, 2017), posee una cantidad respetable de travesuras carnavalescas y un pertinente entendimiento de cómo operan las experiencias traumáticas y el miedo en los niños. El toque del director es sorprendentemente juguetón, no sucumbiendo únicamente a la depravación de los rincones más oscuros del relato, sino transmitiendo la manera en que funciona la mentalidad de los preadolescentes cuando éstos luchan contra una fuerza opresiva que busca debilitarlos, destruirlos y devorarlos.

En 1989, la ciudad de Derry, Maine, está experimentando una serie de asesinatos de niños; los lugareños no hablan de los crímenes, pero las nuevas víctimas son descubiertas a un ritmo alarmante. Uno de los inocentes perdidos es Georgie (Jackson Robert Scott), un niño pequeño que, mientras juega bajo la lluvia con su barco de papel, tiene un perturbador encuentro con Pennywise (Bill Skarsgård), un monstruo que toma la forma de un payaso bailarín. Rechazando la idea de que Georgie está muerto, su hermano mayor, Bill (Jaeden Lieberher), especula que debido a que toda la ciudad está conectada por una serie de alcantarillas subterráneas, y que Georgie fue visto por última vez cerca de una coladera, existe la posibilidad de que su cuerpo esté en algún lugar debajo de la ciudad. Durante las vacaciones de verano, Bill comienza a investigar la zona de desagüe. Muy pronto él y su grupo de amigos conocido como The Losers Club –conformado por el bromista Richie (Finn Woldhard), la maltratada Beverly (Sophia Lillis), el obsesivo Mike (Chose Jacobs), el estudioso Ben (Jeremy Ray Taylor), el inexperto Stanley (Wyatt Olef) y el hipocondríaco Eddie (Jack Dylan Grazer)– deben confrontar sus más profundos miedos que son aprovechados por Pennywise para conducirlos hacia él. 

Como ya saben los fans de la novela original de King, hay dos partes de Eso –en la primera, los niños conocen a Pennywise y, en la segunda, ellos tienen que regresar al pueblo para confrontarlo como adultos–. Esta nueva adaptación cinematográfica sólo retoma la primera mitad de la saga y se ha trasladado a finales de los años ochenta, permitiéndole al director crear una sensación de familiaridad temporal con aquellos adultos jóvenes que crecieron aterrados con la miniserie de 1990 protagonizada por Tim Curry. No sólo la presencia de Finn Wolfhard, sino también el tono y algunos detalles de la trama, hacen que el filme tenga muchos paralelos con la aclamada serie de Netflix, Stranger Things, ya que ambas evocan y reconstruyen de manera similar las dinámicas de la niñez en los años ochenta: los primeros videojuegos, los paseos en bicicleta, los casetes y los walkman. De esta manera, Muschietti logra crear un eficaz sentido de aventura al aire libre con el que simula un cruce entre The Goonies (1985) y Stand by Me (1986), encontrando un sentido del humor asombrosamente persistente en una historia de inocencia golpeada. Las vivencias de la preadolescencia desempeñan un papel crítico a lo largo del relato. Los niños del grupo se derriten en presencia de Beverly; este tímido despertar sexual es aludido con las constantes bromas de Richie, o los poemas que Ben le dedica a la jovencita, mientras que Bill se siente más cómodo con sutiles miradas coquetas.

En la mayoría de los relatos coming of age, el verano significa un tiempo de liberación para la mayoría de los niños, alejándose del control de los padres. A pesar de la poca presencia de los adultos, éstos son los encargados de sentar las bases del trauma y el miedo de los niños mediante la manipulación y el abuso. Eddie, por ejemplo, vive con una madre soltera y obesa que insiste en que está enfermo para hacer que su hijo dependa siempre de ella y nunca tenga que dejarla. Mientras que Beverly es hostigada sexualmente por su padre, o la violenta dinámica, casi esquizofrénica, entre el malvado Henry Bowers (Nicholas Hamilton) y su padre policía. La cuestión del abuso, ya sea de una madre autoritaria o de un padre violento, es que el abusador infunde temor paralizante, un miedo que es aprovechado por el antagonista.

Pennywise es un enemigo vívido, y Muschietti no minimiza la barbarie del payaso al grado de abrir el filme con una sangrienta secuencia. Lo que el payaso –interpretado notablemente por el joven histrión sueco– le hace a Georgie es aterrador y desgarrador; nunca quisiéramos ver a un niño herido y arrastrándose por el suelo suplicando por su vida, pero aquí somos testigos de la brutalidad; ninguna vacilación, ferocidad completa. El prolífico cineasta de terror Roger Corman sentenció alguna vez: “Nunca muestres a tu monstruo a la luz del día”. Jaws (1975) funcionó porque apenas vimos al tiburón, A Nightmare on Elm Street (1984) funcionó porque apenas vimos a Freddy, pero Muschietti se muestra audaz porque no aplica el mismo principio, y aunque vemos a Pennywise bajo la luz del sol, su maniaca presencia es, quizá no aterradora como la del memorable Curry, pero sí incómoda y desconcertante. De día o de noche, Pennywise tiene la capacidad de resucitar las pesadillas más profundas de los niños (por ejemplo, para Stanley, hay una pintura de una mujer distorsionada que le causa pavor; Mike no puede olvidar el incendio en el que murieron sus padres; Bill está paralizado por culpa de la pérdida de Georgie; y un leproso vomita sobre el hipocondríaco Eddie) y Muschietti, perversamente, se asegura que ellos nunca se sientan a salvo. Pero el gran mérito del director es que no intenta pintar todos los miedos como iguales; él sabe cuando es el momento preciso para que algo sea deliciosamente espeluznante, como Richie vagando en una habitación llena de payasos, y cuando algo debe hacer que el espectador se arrastre nerviosamente en su butaca al ser testigo de cómo Beverly se aleja de las sucias caricias de su padre. 

Pennywise es un demonio vil con una sonrisa que desprende baba y unos ojos que amenazan con succionar las almas de sus víctimas. Además de payaso, el monstruo es capaz de, mediante trucos digitales, aparecer en otras formas a lo largo del filme creando un enemigo realmente inquietante que no juega limpio, obligando a los personajes a asumir el reto de descender a las alcantarillas para confrontarlo directamente. La atmósfera visual juega un papel preponderante en la historia. Desde las calles de la ciudad de Derry hasta la cavernosa y lodosa guarida de Pennywise, el cinefotógrafo surcoreano, Chung-hoon Chung (colaborador  de Park Chan-wook en Oldboy, Thirst, Stoker y The Handmaiden), ofrece una mirada soñadora y realista al mismo tiempo; contrasta una luz angelical de los momentos coloridos de la infancia con el aspecto sombrío de las alcantarillas que, poéticamente, representan la naturaleza transformadora del trauma.

Al igual que King pone a prueba la propia cordura del lector, hacia el último tramo del filme, Muschietti recurre a una amplia gama de elementos que simbolizan el terror, incluyendo arañas, túneles, globos rojos gigantes, una pirámide de cadáveres y un diabólico performance circense. La fuerte dependencia en los tropos del horror, principalmente los habituales jump scares,  y la falta de un ritmo cohesivo que pueda prolongar la tensión durante largo tiempo, más allá de breves destellos, le imposibilitan a Muschietti hundir los dientes profundamente para causarle al espectador futuras pesadillas, pero los personajes y sus dinámicas son lo suficiente atractivos para despertar y mantener interés en un segundo capítulo. En última instancia, Eso es el trayecto de cómo los niños se ven obligados a crecer rápido y lidiar no sólo con un payaso aterrorizante, sino también con temas oscuros reales como la muerte, la culpa, la pérdida, el dolor y el abuso. El verdadero horror se revela en la mente de cada uno de ellos obligándolos a averiguar por qué tienen miedo de confrontarlos. El miedo, entonces, tiene la capacidad para limitar y propulsar. No se trata de lo que te pasó, no se trata de lo que alguien te hizo; la vida es acerca de lo que haces a continuación.

 
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