Inspirada en el cuento “El hombre que soñó” de Las mil y una noches, A tiro de piedra es una road movie que tiene como telón de fondo el problema de la migración. En palabras del director, es una ficción que pertenece al género de la “aventura contemplativa”.
Esta precuela se ambienta en la década de 1960 (los personajes de Stan Lee y Jack Kirby aparecieron en 1963, para Marvel, como una respuesta a los héroes totales de DC, de psicologías complejas –como la de Batman– o sencillas –como la de Superman– pero inmutables)
Sin límite es un buen nombre para la más reciente película de Neil Burger (El ilusionista, 2006). No define con exactitud su trama, su personaje o su propuesta visual, pero sí esa actitud antrabancada detrás de todos estos elementos.
Las referencias de los Coen no se limitan pues al cine. El hecho de que Ethan estudió filosofía y de que ambos sean ávidos lectores de literatura, enriquece su quehacer fílmico.
En Buda explotó de vergüenza —título que Hana tomó prestado de una frase frecuentemente repetida por su padre—, el guión de la madre adquiere forma definitiva en las tomas de la hija pequeña. La historia, con su cándida simpleza, tiene el sello Makhmalbaf.
En Micmacs deshace un rompecabezas cuyas piezas no tienen armonía entre sí. Se pierde el ritmo de causa y efecto al involucrar cada vez más personajes y conflictos dentro de una historia que se pudo haber limitado a lo simple.
Juliette Binoche ha demostrado en su prolífica carrera, con 47 películas hasta el momento, que se puede ser la imagen de una línea de cosméticos y al mismo tiempo una de las mejores actrices de cine a nivel internacional.
Por principio de cuentas, la historia es conmovedora sin ser cursi, alegre y ligera sin caer en el chiste fácil, comprometida con la realidad social sin rozar siquiera el panfleto, con referencias dramáticas largamente explotadas (como Edipo) presentadas bajo una nueva luz.