En un lejano e innombrado pueblo libanés, un camino divide el cementerio de católicos y cristianos. Equidistantes se erigen las dos iglesias. Pero a través de la polvosa vereda blanca todas las mujeres del pueblo transitan al mismo son de luto (literal: con música de fondo). Solo ellas y los respectivos jefes de las iglesias comprenden la importancia de la paz y están dispuestos a lo que sea con tal de impedir que los conflictos del exterior la vulneren. ‘Lo que sea’ en la película significa principalmente conocer las debilidades de sus hombres y usarlas para sus fines: drogas, sexo, música y puestas en escena.
Así es que cuando las noticias de muertes ocasionadas por el profundo conflicto entre religiones hallan ecos en este pueblo, ellas ponen manos a la obra: se inventan un llamado divino, contratan a un grupo de sexys bailarinas ucranianas, hornean galletitas con hashish. Los tintes de comedia se debaten con la trágica realidad rodeada de una perpetua e injusta amenaza de muerte y miseria. El filme no permite que los espectadores dejemos de ver ambas caras. Hasta el final cuando el camino se decide y prevalece la versión más inocente y juguetona de las mujeres por encima de la realidad.
SOR(@SofOchoa)