Aunque Shinoda (Hiroshi Abe) fue reconocido de muy joven con el éxito de su primera novela, La mesa vacía; muchos años, un matrimonio, un hijo y un divorcio después, ese logro se convirtió más en un ancla que en un motor. Su vida está diseñada alrededor de una escritura que no ocurre. Trabaja como detective medio tiempo para investigar y poder escribir, lo que lo tiene corto de ingresos, con una mala relación con su ex, y viendo a su hijo a cuentagotas; pero cuando llega la hora de llenar la hoja en blanco, algo más ocurre que le impide convertirse en el hombre que desea ser. Su grillete y su refugio son un pasado que añora y un futuro en el que, con un golpe de suerte, mágicamente todo se soluciona, así lo manifiesta su afición a las apuestas. En el presente es irresponsable, desordenado, ansioso y está perennemente insatisfecho. Chantajea a sus clientes, espía a su exesposa e intenta adoctrinar a su hijo para, a través de él, lograr recuperar a la familia que no supo -o no pudo- cuidar.
Podría parecer que la vida de Shinoda es un fracaso, pero Hirokazu Koreeda es mucho más artista que eso. Y en su arte hay compasión para cada personaje. Lo que comienza como un relato realista se va bordando como un retrato aureático de Shinoda, de su madre que está tan cerca de la muerte, del amor con el que debe dejar ir a su exesposa, de los deseos que se han trazado entre su padre, él y su hijo, de las acercamientos y las rispideces con su hermana. Para el momento que llegamos a la tormenta del título, hay tantas emociones por encima y por debajo de la imagen que suavemente acompañamos en la catarsis a los personajes, como fantasmas que buscan la luz, perdidos en la oscuridad de la lluvia. Nostálgica, autoconsciente, divertida, Tras la tormenta es un viaje sin arrepentimientos a través de las imperfecciones y constantes fracasos del alma humana, que deja espacio para la esperanza y la redención.
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Fecha de estreno en México: 29 de junio, 2017.