Los laberintos son desconcertantes y enigmáticos. En el laberinto clásico, la ruta es lineal, no hay uniones. Los laberintos modernos, en cambio, se ramifican repetidamente y tienen muchos callejones sin salida. Los laberintos cinematográficos parecen ser principalmente espacios psicológicos. La perspectiva del actor es particularmente importante, si se pasea como un sonámbulo a través de amplias salas y pasillos -como en El año pasado en Marienbad (1961) de Alain Resnais- o huye presa del pánico a través de los pasajes estrechos de un espacio reducido. Los ornamentos y relieves prestan movimiento al ojo y crean secuencias espaciales desconcertantes. El laberinto es a la vez una metáfora y una articulación arquitectónica, mientras que las secuencias laberínticas a menudo se presentan como prisiones sin salida mediante una perspectiva distorsionada de los corredores, por ejemplo.
EF
Fuente: Trois Couleurs